domingo, 20 de abril de 2014

Quien te probó lo sabe.

Ese eres tú; todo hielo, todo fundido.
El frío convertido en fuego. No existe olvido.
El invierno más cálido que ha rozado piel en milenios.
El aroma de una Troya más paraíso que infierno.
Ese eres tú; café los martes, sorpresa los domingos.
La pasión a los dieciséis. El vértigo de un octavo piso.
Corriendo en diagonal en el tiempo con vistas al quizás.
Y ese eres tú; la lluvia en la cara, las mejillas sonrosadas, el pelo al viento.
Nunca nadie fue tan cierto, y no miento
al jurar que nunca unos ojos fueron tan precipitados
como los míos, al asomarse y caer al fondo de los tuyos.
Nunca hubo hostia tan dulce.




Ciudades

Viajaremos a París solo para probar el éxtasis que se experimenta al salir corriendo y sin pagar del bar menos romántico de toda la ciudad.
Viajaremos a Roma y demostraremos que Troya aún no ha ardido. Besaremos fuego y entonces.
Viajaremos a las Vegas sin intención de casarnos. Tú te tatuarás mi nombre sin tinta y dejaré seña en ti para siempre, y yo me haré un piercing en el ombligo, borracha y de tu mano. O algo de eso.
Después viajaremos a Nueva York y nos colgaremos de la corona de la gran reina a ver salir las estrellas. Y reiremos al ver que ese brillo no tiene comparación con el de nuestro deseo.
Y, por último, viajaremos hasta la cama de cada hotel que visitemos. Acariciaremos nuestros miedos. Cumpliremos nuestros besos. Temeremos nuestros sueños, que serán tan grandes que cumplir será un verbo desproporcionado.

Quemaremos las sábanas con el ardor de las miradas.