Viajaremos a París solo para probar el éxtasis que se
experimenta al salir corriendo y sin pagar del bar menos romántico de toda la
ciudad.
Viajaremos a Roma y demostraremos que Troya aún no ha ardido.
Besaremos fuego y entonces.
Viajaremos a las Vegas sin intención de casarnos. Tú te
tatuarás mi nombre sin tinta y dejaré seña en ti para siempre, y yo me haré un
piercing en el ombligo, borracha y de tu mano. O algo de eso.
Después viajaremos a Nueva York y nos colgaremos de la
corona de la gran reina a ver salir las estrellas. Y reiremos al ver que ese
brillo no tiene comparación con el de nuestro deseo.
Y, por último, viajaremos hasta la cama de cada hotel que
visitemos. Acariciaremos nuestros miedos. Cumpliremos nuestros besos. Temeremos
nuestros sueños, que serán tan grandes que cumplir será un verbo
desproporcionado.
Quemaremos las sábanas con el ardor de las miradas.

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