No son buenos días, pero aquí somos muy educados.
Se nos abre el apetito y nosotros en cambio cerramos los
ojos para volver al amor.
Nos dormimos hasta que vuelve a ser de noche y entonces nos
metemos los dedos hasta el fondo, hasta las cosquillas, hasta volver a recordar
que las ganas de morir y de ti (que se unen como una sola idea) no se han ido.
Encendemos un cigarro. Y luego otro. Y así hasta que los
cuatro paquetes de la mesilla se acaban. Y escribimos mucho. Toda la noche
hasta que nos dan las siete de nuevo, y cuando empieza a salir el sol nos
volvemos a dormir. Que no hay cojones de cambiar nada.
Que no queremos que cambie ningún rito, que vayas a volver y
nos pilles en el parque. Viviendo. De una puta vez.
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