Septiembre y abril siempre serán meses duros (un quiero y no
puedo; ya sabéis, por eso de que no es verano, y no es invierno, y no es nada).
Quiero llorar porque tu olor no se va de mi cabeza y porque,
a pesar de ello, ya no lo recuerdo.
Porque te echo de menos y porque te echo cada vez que vienes
a por mí.
Porque la playa cada vez me recuerda menos a ti y porque
olvidarte es algo que ya no recuerdo como hacer.
Porque tengo agujetas por todo el cuerpo de tanto baloncesto.
Y porque no sé amar con medida.
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